INTERSTICIO

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lunes, 13 de julio de 2009

Alguien grita!!

Alguien grita: ¡Ey, puto!. Podría hacerme la desentendida ocultando mi origen, o reaccionar con violencia. La historia vuelve a repetirse.
Me soñé, con el rostro limpio y en pijamas, discutiendo con Paki por razones estúpidas por supuesto…pónganse contentos: unas tremendas hormigas invadieron nuestra cocina y no hay forma de que se alejen de ahí. Estoy cansada de repetirle lo mismo. Ella es algo desordenada. Pero la quiero tanto!!
Quisiera estar junto a vos.
Trátame bien, dulce como miel.
Hagamos brillar nuestros labios.
Ensanchemos nuestros ojos.
Hagamos culto de nuestro cuerpo; intentando permanecer en el mundo para que nuestras preguntas encuentren respuestas.
Es cierto que nuestro hogar se desmorona. Como se desmoronan nuestras defensas ante el horror, la ausencia de amor y la necesidad de amar.
En “Cómo mirar el sol tras el vestido” el teatro es un espejo ilusorio, algo tan real como irreal que reproduce la vida sin ser la vida, nada más teatral que un travesti. Construido con maquillaje y pelucas. Actuando aquello que no es, sin dejar de serlo. Un espejo dentro del gran espejo teatral, una imagen refractaria; parodiando aquello que los hombres fantasean, exacerbando la femineidad y jugando con ella.
Como a escondidas con los hombres, quiero entrar en tu mundo.
Por favor, música maestro.

César Romero

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