INTERSTICIO

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domingo, 3 de enero de 2010

DUETOS QUE DINAMIZAN EL TEATRO TUCUMANO - Nota Diario La Gaceta.



MAS QUE DOS
"Las discusiones ayudan a fortalecer el producto"

Domingo 3 de Enero de 2010 | Mario Costello cuenta cómo es trabajar con su actriz fetiche, Verónica Andrade. "Somos dos obsesivos del trabajo", asegura el teatrista.

PAREJA ESPECIAL. El dramaturgo y director Mario Costello y la actriz Verónica Andrade, en una obra en la que actuaron juntos hace un par de años. LA GACETA / ARCHIVO

Dramaturgo, actor y director. Mario Costello lleva muchos años en la actividad teatral. Y, casi exactamente, los mismos años trabajando con su actriz favorita Verónica Andrade, con la que fundó el grupo Intersticio. "Como compartíamos tareas específicas con un mismo objetivo, la relación se complementaba armoniosamente; cada uno respetaba la opinión o el criterio del otro, sabiendo que la visión sobre el producto se potenciaba", cuenta el autor de "Como mirar el sol tras el vestido". "Somos dos obsesivos del trabajo y siempre fuimos los últimos en ’apagar la luz’. Tenemos grandes y largas charlas posteriores al ensayo para clarificar conceptos e ideas sobre lo surgido en el tiempo de investigación y creación. Por supuesto, también trabajamos mucho en la previa a cada espectáculo. Desde rescatar imágenes y sensaciones hasta buscar músicas, películas, fotos, textos y pinturas que nos acercaran un poco a la esencia de lo que luego sería el hecho espectacular. Realizamos mucho trabajo de ’hormiga’, de búsqueda", señaló el dramaturgo.

-En la relación entre director y actriz, ¿hay una situación de dependencia o de amor-odio?
-Es fundamental la sinergia en la mayoría de los trabajos y la complementación. Sin ella, sin la confluencia o integración de estos dos mundos, de estos dos sistemas, no podríamos haber arribado a uno nuevo. La sensibilidad del género fue un gran puntal en muchos momentos; algunas cosas que a mí se me pasaban por alto, Verónica las rescataba inmediatamente, y viceversa. Más allá de su gran conciencia corporal, su apreciación estética fue muy importante en cada una de las obras. Y por supuesto, no podría haber trabajado junto a alguien si no respetara su intelecto y no creyera que su opinión podría enriquecer el producto. En la dialéctica del trabajo siempre vamos encontrando indicios y puntas que nos arriman a algún puerto. Y no sé si alguna vez se instaló esto del vínculo amor-odio. Por supuesto, tuvimos discusiones, pero creo que fueron necesarias para fortalecer los productos. Forma parte de la relación laboral de personas con criterio estético propio; yo no pretendo otra cosa.

-¿Cómo se consolidó la relación laboral?
-Dirigí a Verónica en "Como mirar el sol tras el vestido", pero sólo después de que otras actrices no pudieron sumarse al proyecto. Al comienzo ella tampoco podía, por sus tiempos y sus múltiples obligaciones. También la dirigí en "POP" (Pulsativo Olor Primordial), pero allí la tarea de dirección fue compartida. Luego ella dirigió en una obra a Liliana Sánchez. Pero desde los comienzos de nuestro grupo, Intersticio, trabajamos juntos. Primero, en una obra de Harold Pinter, "Ashes to Ashes". Luego nos dirigió Rafael Nofal en una obra mía que se llama "Sexo, gorda y rojo a full". En "45" ella realizó el entrenamiento corporal del actor. Y en "Tejiendo cenizas", aparte del entrenamiento corporal realizó las asistencias de dirección y técnica.

-En tu rol de director, ¿cómo te sitúas?
-Cuando dirijo mis obras no soy muy riguroso en cuanto al texto; al contrario, creo y defiendo la dramaturgia del actor: les pido eso, que se tomen libertades, que hagan crecer el producto, que lo enriquezcan. Creo que sin esto, el mismo tendría menos vuelo, sería más chato; es decir, creo en el aporte de todo el grupo, y, fundamentalmente, de alguien que está muy cercano a mí y, por lo tanto, esa cercanía nos permite decir cosas sin temor a lastimar susceptibilidades. Aunque esto a veces ocurra igualmente…

-Porque además de la relación laboral existe una relación personal, en este caso...
-Antes de ser pareja siempre fuimos compañeros de un trabajo que nos enriquecía espiritualmente. Incluso, cuando éramos pareja, siempre tratamos de separar ese hecho cuando transitábamos la instancia de creación para no inmiscuir al resto del equipo en cualquier tipo de malestar o desavenencia. Jamás tuve contemplaciones, si había que "dirigir" a la actriz, lo hacía como a una más. O si había que "corregir" algo, lo hacía, como debe ser. Si ella tenía otra opinión o entendía que algo podía resultar mejor para el espectáculo, pues bien, adelante. En ese sentido, creo que un vinculo afectivo no debe empañar jamás a un producto absolutamente grupal, no puede haber ese margen. Si esto sucediera, el resultado sería de una calidad dudosa, al menos. Sin objetividad, no funcionaría.

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